MIDAP en Revista Ya: El desgaste emocional de la generación Z

Publicado en Revista Ya el martes 30 de diciembre de 2025. En Chile, los indicadores de ansiedad, depresión y malestar emocional se mantienen al alza, especialmente entre las mujeres. Expertos advierten que la hiperconectividad, la comparación constante en redes sociales y las presiones académicas y laborales están moldeando una generación más abierta a pedir ayuda, pero también más vulnerable a la fatiga emocional. Para Anahí Gallardo, trabajadora social de 25 años, el desgaste no llegó de golpe, sino en pequeñas señales: dolores de cabeza frecuentes, dificultad para concentrarse y una respiración entrecortada que ante un momento de estrés, lo acompañaba un dolor en el pecho. Lo notó durante su práctica profesional, pero fue recién en el mundo laboral en que esas señales se hicieron imposibles de ignorar. Esta joven de 25 años —trabajadora social titulada de la Universidad Alberto Hurtado— pide mantener su nombre en reserva. Trabaja directamente con familias y jóvenes en contextos de alta vulnerabilidad y teme que compartir su experiencia pueda interpretarse como una señal de fragilidad profesional. —No quiero que alguien piense que no puedo con mi trabajo —explica y recuerda que, apenas iniciando su primer año laboral, los episodios de ansiedad se hicieron frecuentes. Las redes sociales tampoco la ayudaban. Mientras ella terminaba turnos cargados emocionalmente, veía las historias de Instagram de personas que viajaban o celebraban logros. La situación se agudizó. Dormía mal, despertaba cansada. Pero no es la única. Dice que varias de sus amigas comentan síntomas parecidos: una sensación de estar sobrepasadas y dificultades para descansar aun en sus días libres. —Lo hablamos bastante entre nosotras. Somos más abiertas a reconocer lo que sentimos, pero no por eso es más fácil aceptar que quizás necesitas ayuda —dice la joven que hoy asiste a sesiones con una psicóloga para abordar su cuadro. Según cifras generales de la 11a Encuesta Nacional de Juventudes Injuv 2025, publicadas en diciembre de este año, 1 de cada 5 personas jóvenes ha recibido un diagnóstico en salud mental. Los más frecuentes: ansiedad (34%), depresión (27%) y estrés (17%). Una de las causas la explica Stefanella Costa, psicóloga e investigadora del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (Midap), quien apunta a las características de a quienes se denomina como generación Z, es decir, los nacidos entre 1997 y 2010: —Tienen mayor conciencia, pueden hacer lecturas más finas sobre qué es lo que les está ocurriendo, entonces pueden decir “esto que me pasa no es normal”. Por su parte, María Soledad Calvo, psiquiatra de Clínica Dávila, agrega una segunda variable: —El uso de la tecnología va transformando la conducta y la forma que tienen de convivir con el resto de la familia o de la población en general. Según la profesional, cuando esta dependencia se vuelve más intensa, los jóvenes empiezan a presentar una pérdida de control y consecuencias negativas como el estrés o alteraciones en la funcionalidad cotidiana del joven, además de trastornos mentales como los cuadros depresivos, el trastorno de ansiedad y las alteraciones del sueño. Una generación abierta y conectada Según cifras de una encuesta realizada por la agencia británica de investigación de mercados y análisis de datos YouGov —encargada por investigadores del University College London (UCL)—, dos tercios de los jóvenes consultados han enfrentado dificultades, con mayor incidencia en el grupo de 20 y 21 años, donde un 40% afirmó padecerlas en la actualidad y un 31% las tuvo en el pasado. Que los casos se concentren en estas edades refuerza la idea de una generación más expuesta, más conectada y también más consciente de su propio malestar. Así lo sostiene Ariela Rebolledo Cabrera, psicóloga de Clínica Bupa Santiago: —La generación Z se caracteriza por una mayor apertura y sensibilidad ante los temas de salud mental, por lo cual consultan más, hablan y comparten con pares sobre ello y buscan ayuda para el bienestar físico y mental, pudiendo esto explicar un presunto aumento de los índices. Por su parte, Jennifer Conejero, psicóloga infantojuvenil de Clínica Santa María, agrega: —Tienden a ser más expresivos con sus emociones, pero muchas veces tienen menor acogida por parte de los adultos, que están más acostumbrados a que hay que guardarse sobre todo las emociones negativas —explica la psicóloga. Agrega que muchas veces los jóvenes tienen problemas para establecer metas y que puede causar frustración cuando esperan procesos más placenteros. Asimismo, Rebolledo sostiene que las mujeres presentan mayores índices de ansiedad y depresión en contraste con los hombres, debido a desigualdades estructurales y sociales, donde además se manifiesta una tendencia a internalizar el malestar, lo que amplifica su impacto emocional. El informe realizado por la U.S. Surgeon General —la máxima autoridad en salud pública de Estados Unidos— en 2023 va más allá. Según el documento, el tipo de uso y el contenido al que están expuestos los jóvenes en redes sociales pueden representar un riesgo para su salud mental. Así, el reporte advierte que quienes pasan más de tres horas al día en estas plataformas duplican la probabilidad de experimentar problemas de salud mental, incluidos síntomas de depresión y ansiedad. Sin embargo, el mismo informe refiere que los adolescentes pasan en promedio 3,5 horas diarias en redes sociales. Además, un 46% de los jóvenes de entre 13 y 17 años declara que estas plataformas los hacen sentir peor respecto a su imagen corporal. —Nunca antes habíamos tenido tanta información y tanto acceso visual a otros seres, no solo los amigos con los que nos relacionábamos. Entonces tenemos, de alguna manera, un sistema nervioso sobresaturado. Eso afecta y aparece la autocrítica, aparece la comparación social con otros, con modelos que parecen más perfectos —explica Claudio Araya, docente de la Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez y director del Magíster en Mindfulness Relacional y Compasión. Para la psicóloga Rebolledo hay una fatiga emocional: —En la generación Z puede haber indicios más altos en vista de diversas presiones internas y externas, con un sistema sociocultural y económico demandante y muchas veces confuso, con referencias digitales a la mano e

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Salud Mental al Día: Los grandes desafíos de la salud mental en Chile hoy y hacia el futuro

A pesar de los avances en investigación, los desafíos en la salud mental siguen marcando la agenda pública. De acuerdo con la psicóloga, doctora en Psicoterapia e investigadora principal del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (MIDAP), Paula Dagnino, la situación actual en Chile enfrenta una crisis que requiere atención inmediata. Las principales falencias, según la especialista, se resumen en la deficiencia en la atención, grandes cantidades de pacientes en espera y avances en investigación. Mientras que la mayor urgencia se concentra en las necesidades especiales y particulares de cada grupo etario. El panorama actual de la salud mental en Chile, según Dagnino, se caracteriza por una demanda creciente y una oferta deficiente. Cifras como el 23% de la población con síntomas de depresión o ansiedad -según la Encuesta Nacional de Cuidado y Salud- y un 15% con depresión -Termómetro de la Salud-, contrastan con la realidad de que solo un 30% de quienes lo necesitan logran acceder a atención. «La atención no es lo suficientemente eficiente para poder llegar a todos ellos», explica Dagnino. A pesar de los esfuerzos, como las Garantías Explícitas en Salud (GES), la investigación demuestra que los protocolos estandarizados no siempre son efectivos, ya que «todos los pacientes, aunque tengan un mismo diagnóstico, son distintos». Desafíos inmediatos y estrategias para el futuro La urgencia en la atención de la salud mental abarca todas las edades, desde la infancia —donde la adversidad temprana tiene un impacto directo en la adultez— hasta los adultos mayores, quienes, junto a los jóvenes, presentan las tasas más altas de suicidio.  En cuanto a mejoras inmediatas, la experta propone la optimización de recursos humanos, delegando funciones específicas a otros profesionales de la salud, por ejemplo, que enfermeros monitoreen controles farmacológicos, liderando a los médicos para casos más complejos. Por otro lado, sugiere aprovechar la tecnología en virtud del apoyo y orientación a quienes están en lista de espera, ofreciendo herramientas de manejo emocional. Mientras que, para aumentar el número de especialistas, Dagnino sugiere mejorar la capacitación de los profesionales de la salud para trabajar en contextos de alta complejidad y con recursos limitados en la atención primaria (APS). El impacto del entorno «Sabemos que la soledad es una de las epidemias que viene», argumenta Dagnino. La salud mental no solo depende de la atención clínica, sino también de factores ambientales y sociales. Específicamente, la familia, amigos y cercanos llevan un rol importante y clave en el proceso de tratamiento. Finalmente, Dagnino afirma que «hay que aceptar que a veces uno no puede», invitando a buscar ayuda a quienes lo necesitan. «Es egoísta no ir a pedir ayuda, porque estás afectando todo el resto», concluye.

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Salud Mental al Día: Cómo la inteligencia artificial está transformando la psicoterapia

La salud mental, un pilar del bienestar, está experimentando una transformación profunda gracias a la integración de la tecnología y la inteligencia artificial (IA). En un escenario donde el acceso a especialistas y recursos es un desafío persistente, las soluciones digitales emergen como una oportunidad para expandir la cobertura y mejorar la atención. La incorporación de la tecnología en el ámbito de la salud no es una novedad, per su evolución ha abierto nuevas fronteras. De acuerdo con el psicólogo clínico e investigador de MIDAP, Fernando Parada, esta IA «puede ser efectiva en la medida que se utilice bajo las condiciones que puedan hacerla efectiva». «Los terapeutas hoy en día están utilizando la tecnología para poder apoyar su trabajo. Por un lado, apoyamos el trabajo con nuestros pacientes, dándoles herramientas que sirvan para llevar un registro de su estado de ánimo. Por otro lado, nos permite una evaluación mucho más sensible que nos permite tener una trayectoria mucho más clara de los síntomas de la persona», detalla el especialista. Tecnología al servicio del bienestar Parada destaca tres dimensiones clave: la teleterapia o telemedicina –que acerca a profesionales y pacientes superando barreras geográficas y de movilidad–, las aplicaciones de autoayuda, y el emergente rol de la inteligencia artificial. La necesidad de cobertura es uno de los principales motores de esta adopción. «Las personas muchas veces recurren a este tipo de instrumentos y herramientas tecnológicas como una manera de evitar llegar al psicólogo o al psiquiatra, precisamente por el tema cultural respecto al estigma», señala el experto. Esto permite que pacientes con trastornos leves a moderados encuentren apoyo inicial en chatbots entrenados para tal fin, demostrando efectividad en condiciones controladas. Sin embargo, Parada enfatiza una precaución: no todos los chatbots son iguales. El uso de herramientas genéricas como ChatGPT para problemas de salud mental puede conllevar riesgos, incluyendo la reafirmación de tendencias peligrosas. Es vital recurrir a aplicaciones y sistemas validados científicamente, diseñados específicamente para el acompañamiento terapéutico y con evidencia de su funcionamiento y seguridad. Un alIAdo para terapeutas La inteligencia artificial y las estrategias digitales no solo benefician a los pacientes, sino que también se están convirtiendo en herramientas invaluables para los profesionales de la salud mental. Lejos de reemplazar al terapeuta, estas tecnologías complementan y optimizan su trabajo, liberando tiempo administrativo y potenciando las intervenciones. «Hoy en día, es muy recurrente ver bots que toman notas de nuestras sesiones para que nosotros no tengamos que quedarnos media hora después escribiendo qué fue lo que pasó», ejemplifica Parada. Además de la automatización de tareas, la tecnología permite una evaluación más sensible y precisa del estado de ánimo de los pacientes a través de «mood trackers» y cuestionarios digitales.  Esto también intensifica el trabajo terapéutico y lo extiende más allá del consultorio. Parada, quien liderará el curso «E-Mental Health: Estrategias Digitales y Aplicaciones de Inteligencia Artificial para Profesionales de la Salud Mental» del MIDAP en noviembre, destaca la importancia de derribar mitos. «Un componente fundamental tiene que ver con derribar ciertos mitos, como que, por ejemplo, el uso de la tecnología deshumaniza la terapia. Lo que muestra la evidencia va en contra de eso, las intervenciones que mejor funcionan son las que vienen acompañando. La tecnología acompaña al terapeuta en su trabajo de ayudar al consultante. La tecnología no debe ser pensada como algo que viene a reemplazarnos, sino como algo que viene a complementar nuestro trabajo», reflexiona el investigador. Revisa la entrevista completa a continuación:

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Salud Mental al Día: ¿Por qué el estrés parental es un problema social?

El agotamiento que manifiestan madres, padres y cuidadores durante la crianza es cada vez más frecuente. Lo que antes se consideraba una «carga normal» o se vivía en la intimidad del hogar, hoy se reconoce como estrés parental, una condición que, al agudizarse, puede derivar en problemas de salud mental. Para la investigadora joven del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (MIDAP), Stefanella Costa, la palabra «estrés» se ha vuelto un comodín en el vocabulario actual, abarcando desde el cansancio hasta la tristeza. Sin embargo, la Costa define el estrés como «un malestar asociado a la crianza que va un poco más allá de lo que podemos tolerar o con lo que podemos lidiar en el día a día». Una de las particularidades del estrés parental es su evolución en el tiempo. Aunque los desafíos de la crianza siempre han existido, la vida moderna ha sumado nuevos factores estresantes. Costa destaca la «tecnificación de la crianza», es decir, la sobrecarga de información sobre cómo se debería criar, lo que genera culpa y confusión, en lugar de facilitar la toma de decisiones. «Hay demasiada información dando vuelta de cómo deberíamos criar, de cuál es la mejor forma de hacer cada cosa de la crianza que más ha contribuido al estrés y a sentirse como, ‘ay, entonces qué hago‘», destaca la psicóloga. La urgencia de la corresponsabilidad De acuerdo con la especialista, el estrés parental no es un asunto individual, sino social. «Cuando hay una persona sola cuidando, por ejemplo, la probabilidad de que esa persona sufra de estrés parental, o, incluso, de burnout parental es súper alta». Adicionalmente, esta carga recae desproporcionadamente en las mujeres. A pesar de que la idea de la corresponsabilidad ha tomado fuerza, la realidad práctica muestra un panorama distinto. «La corresponsabilidad en realidad debería ser como una responsabilidad compartida más como sociedad que entre mamá y papá», enfatiza la doctora en Estudios Psicoanalíticos. ¿Cuándo buscar ayuda? Los signos a los que hay que prestar atención incluyen cambios significativos y sostenidos en hábitos cotidianos, como el sueño y la alimentación, una irritabilidad exacerbada, pérdida de placer en actividades antes disfrutadas, o experimentar conductas con los hijos que pueden ser agresivas. «Cuando mis hijos gritan, me da demasiada rabia, no me puedo controlar, o el otro día me salí y tuve una conducta con mis hijos que no me hubiese gustado tener y me arrepiento mucho y ahora no sé cómo salir de ahí», ejemplifica Costa. El burnout parental representa la forma más extrema de este estrés, un agotamiento máximo donde el cuidador «toca fondo» y ya no puede lidiar con las tareas de la crianza, generando conflictos recurrentes. Este agotamiento no solo tiene consecuencias emocionales, sino también físicas, debido a la sobrecarga fisiológica y el desequilibrio hormonal (como el cortisol) que el estrés prolongado provoca. Revisa la entrevista completa a continuación:

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Salud Mental al Día: Cómo abordar la depresión en adolescentes

La «edad del pavo» es un término comúnmente usado para describir los cambios de humor y comportamientos desafiantes de los adolescentes. Sin embargo, detrás de esta popular expresión, se esconde una realidad preocupante: la depresión en la adolescencia temprana (10-14 años) se está manifestando de formas que a menudo son malinterpretadas, confundiéndose con el desarrollo normal de esta etapa. A diferencia de la depresión en adultos, los adolescentes no siempre presentan la tristeza o anhedonia clásica, sino que su malestar puede expresarse a través de irritabilidad, encierro, portazos, o síntomas somáticos como dolores de cabeza y abdominales. Esta dificultad en la identificación temprana, tanto por parte de padres como de profesionales de la salud, ha generado una brecha significativa en el diagnóstico y tratamiento oportuno. Esta adolescencia temprana, entre los 10 y 14 años, representa una etapa crítica donde la depresión es, a menudo, subdiagnosticada. Frente a este escenario, especialistas chilenos liderados por el psicólogo e investigador del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (MIDAP), Javier Morán, impulsan nuevas guías clínicas centradas en la familia. Desafíos en el diagnóstico y la intervención Para Morán, la relevancia está en diferenciar la depresión en adolescentes de las otras etapas de la vida: «Hay otra serie de procesos que empiezan a ocurrir a nivel cerebral y endocrino entre los 10 y 14 años que son clave». Uno de los principales problemas radica en que los síntomas depresivos en esta franja etaria suelen ser «subclínicos», es decir, no encajan con los criterios esperados, lo que lleva a que muchos casos pasen desapercibidos. «En general, no ha habido despreocupación, sino poca información de lo que pasa. Esto no le llega a los papás, tampoco a los profesionales que están interviniendo», enfatiza Morán. Esta falta de comprensión y herramientas se extiende también a los profesionales de la salud, quienes muchas veces no cuentan con la formación especializada para abordar la complejidad de la depresión en este grupo. La mentalización como herramienta Investigadores del MIDAP han desarrollado una guía clínica para el abordaje psicoterapéutico de adolescentes de 10 a 14 años con diagnóstico de depresión. A diferencia de las guías GES, que abordan la depresión desde los 15 años, esta nueva propuesta no es GES y enfatiza una menor medicalización y un mayor trabajo con la familia. «La diferencia importante es que, las recomendaciones que proponen este tipo de guías, le ponen mucho más énfasis a medicalizar menos y a hacer un trabajo mucho más fuerte con la familia», afirma el psicólogo. De acuerdo con el especialista, el pilar central de esta intervención es la mentalización, definida como la capacidad de comprender los estados internos propios -pensamientos y emociones- y los de los demás. «Esta empatía que dicen que los adolescentes no tienen, es una habilidad central para eso. Tiene mucho sentido que la familia también tengan estas habilidades y puedan fortalecer aquello que se transforma en un factor de riesgo». Actualmente, el equipo de Morán busca capacitar a profesionales de la salud pública en estas nuevas directrices, con el objetivo de llevar la investigación a la práctica clínica y, eventualmente, realizar un ensayo clínico para validar la intervención en mentalización como una estrategia recomendada en guías clínicas nacionales. Revisa la entrevista completa a continuación:

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Salud Mental al Día: El poder de los grupos de apoyo en salud mental

Un concepto innovador que emerge con fuerza en salud mental son los «expertos por experiencia». Son personas que, habiendo vivido y superado desafíos en su salud mental, utilizan ese conocimiento para apoyar a otros, influir en investigaciones y colaborar en el diseño de políticas públicas. Este enfoque humanizado, que trasciende el modelo puramente médico-biológico, es impulsado en Chile por la Fundación Círculo Polar, en colaboración con instituciones como el Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (MIDAP) y la Universidad Diego Portales. «La incorporación del experto por experiencia tiene varios beneficios. Uno de los elementos más importantes tiene que ver con el sentido de pertenencia; de poder reflejarse en un otro que ha vivido y que se ha recuperado. Permite generar un cuidado más humanizado que se sale del paradigma exclusivamente médico», señala la psicóloga e investigadora de MIDAP, Javiera Duarte. Psicoeducación y el apoyo entre pares Con más de 200 nuevas inscripciones mensuales y con un programa gratuito, Círculo Polar nació  con el propósito de reunir a pacientes y a sus familias, para ofrecerles psicoeducación y apoyo mutuo. Estos conocimientos, traducidos en «tips» prácticos, empoderan a los «conscientes» –como se refieren a sí mismos en la fundación– para manejar su condición y mejorar su calidad de vida. Uno de los pilares de su compromiso es el «trabajo de par» o grupos de pares. A diferencia de los grupos de apoyo tradicionales, estos son dirigidos por «pares» que han vivido la experiencia de la enfermedad, se han recuperado de manera integral y están capacitados para guiar a otros. Más allá del diagnóstico Desde una perspectiva científica, la incorporación de expertos por experiencia en la investigación y el diseño de políticas públicas es cada vez más relevante. Javiera Duarte enfatiza que estudios a nivel global ya exigen la inclusión de estos expertos en el diseño de proyectos, la formulación de preguntas de investigación y el análisis de resultados. De acuerdo con la especialista en psicoeducación y fundadora de Círculo Polar, Flavia Gal, «la familia define si va a haber un buen pronóstico o un mal pronóstico», dado que el trastorno afecta a todo el núcleo familiar. «Siempre el diagnóstico pesa sobre los hombros de un paciente, pero el trastorno en sí se gesta en el seno de la familia entera. Tenemos que psicoeducarnos, acompañar y asumir ese diagnóstico junto con el paciente», enfatiza. En esta misma línea, los grupos de apoyo han permitido conversar sobre temáticas que a menudo generan vergüenza y autoestigma, un factor asociado a mayores índices de ideación suicida. «La visibilización, de una manera amable, que permite que las personas puedan integrar ese diagnóstico y entender a la vez que ese diagnóstico no te define, sino que es una parte de quién tú eres, es algo que los grupos de pares generan», agrega Duarte. Revisa el programa completo a continuación:

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Salud Mental al Día: Hábitos saludables que fortalecen tu salud mental

En un mundo que avanza a pasos agigantados, donde la conexión digital a menudo eclipsa el autocuidado, la salud mental emerge como un pilar fundamental del bienestar. Aunque tradicionalmente se ha asociado a factores genéticos o experiencias de vida, la ciencia moderna propone que los hábitos tienen un impacto profundo en el estado mental. En un nuevo capítulo de Salud Mental al Día, la psicóloga e investigadora principal del Instituto Milenio para la Investigación de la Depresión (MIDAP), Paula Errázuriz, detalla cómo la incorporación de prácticas saludables puede ser una estrategia preventiva y de apoyo para la salud mental. Históricamente, la salud mental se ha circunscrito casi exclusivamente al cerebro. Sin embargo, la investigación actual demuestra que la complejidad del bienestar psicológico va mucho más allá. «La gran mayoría de los receptores de serotonina, cruciales para regular el ánimo, se encuentran en el intestino, no en el cerebro». Los cuatro pilares del bienestar En la vida moderna, hábitos menos saludables como una menor exposición a la luz solar, menor actividad física y un elevado consumo de alimentos ultraprocesados se han vuelto más comunes. La realidad en Chile revela una alta tasa de sedentarismo, convirtiéndose en un catalizador de problemas de salud mental. El primer pilar es el movimiento. No se trata solo de hacer ejercicio intenso, sino de integrar la actividad física en la rutina diaria. «Cualquier cosa que tenga que ver con tener nuestro cuerpo activo es beneficiosa», afirma Errázuriz. Desde subir escaleras en lugar de usar el ascensor hasta bajarse unas estaciones antes del transporte público para caminar. De acuerdo con la especialista, el impacto del movimiento es multifacético: disminuye la ansiedad, mejora el ánimo, y ayuda a clarificar la mente. Para quienes trabajan largas horas frente al computador, las «pausas activas» con estiramientos y caminatas cortas no solo benefician el cuerpo, sino que ofrecen un respiro mental que permite reconsiderar prioridades y manejar el estrés.  Meditación, descanso y agradecimiento El segundo y tercer pilares son la alimentación y el descanso. En cuanto a la alimentación, la recomendación es simple: consumir alimentos lo menos procesados posible, priorizando frutas, verduras y granos integrales. La «microbiota» intestinal, ese universo de bacterias, ha demostrado tener un rol crucial en la salud mental, consolidando la máxima de que «somos lo que comemos». Por otro lado, una mala calidad de sueño afecta el ánimo, la tolerancia y las relaciones. Evitar cafeína y alcohol antes de dormir, crear un ambiente oscuro y fresco en la habitación, y establecer rutinas de sueño son prácticas esenciales. El cuarto pilar, los hábitos mentales, es quizás el más novedoso y fascinante. Se centra en la atención plena (mindfulness) y la autocompasión. La atención plena, practicada a través de la meditación formal o informal que entrena la mente para enfocarse en el presente. Esto permite reconocer emociones, evadir pensamientos negativos y una toma de decisiones más conscientes. «Meditar es observar lo que pasa en tu mente y entrenarla para volver al foco», aclara Errázuriz. Además, la autocompasión implica tratarse a sí mismo con amabilidad, evitando el diálogo interno destructivo. Finalmente, el agradecimiento es un potente hábito mental: buscar activamente las cosas positivas de la vida, incluso las más pequeñas, complementa el reconocimiento de las dificultades y potencia el bienestar emocional. Revista la entrevista completa a continuación:

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Salud Mental al Día: Cómo acompañar a quienes enfrentan la pérdida por suicidio

El suicidio es una de las consecuencias más complejas de los problemas de salud mental y suele impactar en el entorno de la persona fallecida. En este sentido, un abordaje poco conocido, pero fundamental, es la postvención del suicidio. Se trata de acciones que buscan acompañar a personas, familias y comunidades afectadas por la muerte de una persona cercana. En un nuevo capítulo de Salud Mental al Día, el investigador de la Universidad San Sebastián y del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (MIDAP), Álvaro Jiménez Molina, explica que la idea postvención está poco instalada incluso entre profesionales de la salud. «Así como existe la prevención, es decir, un conjunto de acciones para anticipar, evitar, prevenir que ocurra un desenlace como el suicidio, existe la postvención», señala Jiménez. Impacto expansivo del suicidio El impacto de un suicidio es sorprendentemente amplio. Evidencia internacional sugiere que entre 1 de cada 20 personas se verá expuesta a una muerte por suicidio a lo largo de su vida, y entre 6 y 130 personas por cada suicidio se verán afectadas de manera profunda. Esta «ola expansiva» trasciende la esfera familiar, llegando a compañeros de trabajo, comunidades educativas e incluso el público en general, especialmente en casos de figuras públicas. «Uno de los riesgos del suicidio es verse expuesto a otros suicidios. Ahí también es necesario el acompañamiento», recomienda el investigador. Jiménez destaca que el duelo por suicidio es particularmente complicado y tiende a durar mucho más que otros tipos de duelo. No todas las personas expuestas a un suicidio vivirán un duelo profundo, pero aquellas que sí a menudo enfrentan un proceso complejo marcado por la culpa, la rabia y el estigma. La pregunta «qué he perdido de mí mismo con la pérdida del otro» se vuelve central, junto con la constante búsqueda de respuestas a un suceso que, por su naturaleza, deja muchas incógnitas. Desafíos y soluciones en la postvención en Chile El suicidio aún está rodeado de un fuerte estigma cultural, con raíces históricas que lo consideraban un pecado. Esto lleva a una invisibilización y silenciamiento del tema, afectando directamente a los «sobrevivientes» (personas en duelo por suicidio), quienes a menudo se retraen y se aíslan. Esta soledad aumenta la vulnerabilidad y el riesgo de problemas de salud mental. Además, el duelo por suicidio a menudo se combina con estrés postraumático, manifestándose en pesadillas, pensamientos intrusivos, hipervigilancia y una sensación de irrealidad inicial, seguida de culpa y rabia. Estas emociones intensas y contradictorias dificultan el proceso. Frente a este escenario, la «postvención activa» busca anticiparse y contar con protocolos claros para actuar oportunamente. Para abordar esta necesidad, MIDAP ha publicado la guía de recomendaciones ESTAR para la postvención del suicidio. Si tú o alguien que conoces necesita ayuda profesional, la línea *4141 no solo atiende crisis suicidas, sino también llamadas de personas que buscan un espacio para conversar. Revisa la entrevista completa a continuación:

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Salud Mental al Día: VIH y salud mental, cómo enfrentar el estigma y la discriminación

La lucha contra el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) ha avanzado significativamente en las últimas décadas. Sin embargo, en Chile, hay un tema pendiente: la salud mental de las aproximadamente 100 mil personas que viven con el virus. En un nuevo capítulo de Salud Mental al Día, el psicólogo y estudiante doctoral de MIDAP, Cristián Ortega, subraya la urgencia de abordar esta dimensión. «La manera en que se ha enfocado el VIH, como primera respuesta, siempre ha sido desde un lugar biomédico, lo que está perfecto porque necesitamos que las personas vivan, pero toda la parte de salud mental y los aspectos más psicosociales han quedado en segundo plano». «Vivir con VIH es otra capa que queda en opresión, otra característica identitaria que queda en opresión. Si le sumamos clase social, si le sumamos etnia, podemos hacer un barrido de varias capas de identidad o de aspectos de la identidad que quedan en opresión. Eso ya genera presión sobre el sujeto», detalla el psicólogo de la Universidad de Concepción. Urgencia en prevención y salud sexual integral De acuerdo con Ortega, una de las consecuencias más alarmantes de la «normalización» del VIH es el declive de las campañas de prevención. Esto ha llevado a un aumento en las conductas de riesgo, especialmente entre la población joven, que percibe el VIH como una enfermedad «controlada» y menos letal. La carencia de educación sexual integral en Chile es un factor crucial en este escenario. Ortega enfatiza que el VIH es solo «la punta del iceberg» de un problema mayor. «Todavía sigue siendo un tabú hablar de sexo en el 2025″. Esta brecha deja a adolescentes y jóvenes expuestos a información de baja calidad, mitos y prácticas sexuales sin la debida precaución. Las estadísticas actuales muestran que la mayor concentración de nuevos diagnósticos de VIH se da entre los 18 y 34 años. Sin embargo, también se observa un preocupante aumento en adultos mayores de 65 años y una constante invisibilización de las mujeres en las políticas de salud sexual y VIH, quienes enfrentan un estigma aún mayor. Un llamado a la acción integral Cristián Ortega subraya que la respuesta a los problemas de salud mental en personas con VIH debe ser dual: preocuparse por los síntomas individuales, cuya prevalencia es alta, pero también trabajar en la resignificación social y cultural del VIH. En este contexto, el papel de organizaciones como Savia, Chile Positivo y el Círculo de Apoyo Positivo, juega un importante rol en las estrategias creativas y efectivas, como los grupos de pares, para abordar los impactos psicológicos y acompañar a las personas con VIH. La investigación doctoral de Cristián Ortega busca precisamente arrojar luz sobre estas realidades. A través de estudios cuantitativos y cualitativos, busca comparar la calidad de vida, síntomas depresivos y uso de sustancias en hombres que tienen sexo con hombres con y sin VIH, incluyendo experiencias con el diagnóstico y barreras de acceso a la salud mental. Revisa el capítulo completo a continuación:

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Salud Mental al Día: Qué es el mindfulness y su impacto en la salud mental

En Salud Mental al Día, el investigador del Instituto Milenio MIDAP, Sebastián Medeiros, explica los orígenes y aplicaciones de la práctica milenaria que hoy se integra en la medicina para combatir el estrés, la ansiedad y la depresión. El mindfulness, o atención plena, es una práctica milenaria que ha ganado una relevancia significativa en el ámbito de la salud mental en las últimas décadas. El médico psiquiatra e instructor de mindfulness, Sebastián Medeiros, investigador adjunto de MIDAP, destaca sus beneficios y aplicación en el tratamiento de diversos trastornos. De acuerdo con el investigador, esta práctica se define como la capacidad de «traer la atención a la experiencia del momento presente y relacionarnos con esa experiencia de una manera gentil, curiosa y amable». Esto es, no «poner la mente en blanco», sino de ser conscientes de volver al «aquí y ahora». Históricamente, el mindfulness tiene raíces profundas en tradiciones contemplativas orientales, como el budismo, donde se ha refinado durante miles de años como una técnica de entrenamiento mental. Sin embargo, su incursión en el ámbito de la medicina y la psicoterapia occidental es más reciente, datando de finales de los años 70. Beneficios y aplicaciones en la salud mental Los beneficios de esta práctica son amplios y se extienden más allá de la simple relajación. Al entrenar la atención plena, las personas pueden desarrollar una mayor conciencia de sus patrones mentales y emocionales, lo que les permite responder de manera más hábil a las situaciones estresantes. Esto es particularmente relevante en el contexto de la salud mental. Medeiros explica que muchos trastornos psiquiátricos, como la depresión y la ansiedad, tienen como base una mente que divaga, se fusiona con pensamientos negativos y evita emociones difíciles. En pacientes con depresión, el mindfulness ayuda a reconocer la rumiación y la autocrítica, ofreciendo una vía para desidentificarse de estos pensamientos y conectar con las emociones subyacentes. Para personas con desregulación emocional o antecedentes de trauma, las prácticas de mindfulness pueden adaptarse en duración e intensidad, priorizando la seguridad y la gradualidad en la conexión con la experiencia interna. Medeiros, como instructor, utiliza el mindfulness en intervenciones como el programa MBSR, diseñado para aliviar el sufrimiento en personas con enfermedades crónicas y estrés, y la Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness (MBCT). Estos programas suelen durar ocho semanas e incluyen sesiones grupales y prácticas en casa, con el objetivo de que las personas aprendan a usar estas herramientas frente a patrones automáticos de reactividad. Para aquellos interesados en adoptar un estilo de vida basado en mindfulness, Medeiros aconseja buscar instructores con una sólida formación y una larga historia de práctica personal. Aunque existen aplicaciones y recursos digitales, la interacción con un instructor experimentado es invaluable para guiar a las personas a través de las distintas capas de la práctica y asegurar un proceso seguro y profundo. Revisa la entrevista completa a continuación:

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