¿Cómo evitar que adultos con traumas de infancia repitan esas conductas con sus hijos?

//¿Cómo evitar que adultos con traumas de infancia repitan esas conductas con sus hijos?

Un proyecto Fondecyt realizado por investigadoras de la UC y MIDAP confirmó que, aunque el trauma infantil vivido por el grupo de mujeres chilenas en estudio había afectado su capacidad de apego con los hijos, un factor en la crianza lograba disminuir el impacto: la función reflexiva parental, es decir, la capacidad de ponerse en el lugar del niño o niña para entender lo que le sucede y responder a sus necesidades.

Éste fue uno de los aspectos tratados en el Segundo Café Científico de la temporada, que nuestro instituto ofreció a la comunidad de Santiago. La charla ‘Trauma en la infancia de los padres: ¿qué hacer para no repetir la historia?’ estuvo a cargo de la psicóloga María Pía Santelices, subdirectora de MIDAP y especialista en Primera Infancia.

Segundo Café Científico de MIDAP

Según estadísticas de la UNICEF, el 75 por ciento de la población chilena declara haber sufrido algún tipo de abuso o maltrato cuando niños, desde negligencia en el cuidado de las necesidades básicas hasta violencia física por parte de sus padres o cuidadores.

“Peter Fonagy, un estudioso en el tema, dice metafóricamente que -como los niños no pueden entender esta situación de que ese adulto que es una figura de apego, que está ahí para cuidarlo, es el mismo adulto que le hace daño- prefieren no pensar y se produce un fenómeno como de mente en blanco. Y ahí viene lo que se llama el fallo en la mentalización”, explicó María Pía Santelices. “Por eso Trauma y Mentalización están tan relacionados, porque para poder mentalizar el mundo yo tengo que sentir un grado de seguridad, para poder explorar no sólo el mundo externo sino también el mundo interno. Pero si el mundo interno es amenazante, prefiero no explorar, y se produce este bloqueo”.

Justamente ese primer quiebre es el que condiciona a la persona y su capacidad para reflexionar considerando las emociones, motivaciones, deseos y cogniciones, tanto propias como de terceros. Y el costo lo pagan sus descendientes.

Segundo Café Científico de MIDAP

“Un adulto que sufrió traumas en su infancia que le generaron un bloqueo de la mentalización, cuando se enfrenta a la relación con los hijos le ocurre el mismo bloqueo y prefiere no pensar, no reflexionar, y menos con los hijos. Y entonces ese adulto va a decir “¡no, porque no!” y no va a dar ninguna explicación, no va a entrar en el conflicto, porque también para él es muy amenazante. Se podría decir que los enemigos de la mentalización son esta experiencia traumática que provocó este bloqueo, y por otro lado una actitud como de ‘certeza cognitiva’: pensar que uno les lee la mente a los niños y sabe lo que necesitan, pero de manera literal. Entonces ese adulto deja de ser curioso, deja de hacerse preguntas, de plantear hipótesis [sobre lo que está sucediéndole al otro]. La actitud reflexiva es todo lo contrario: nunca tener certezas con los niños pequeños, siempre pensar que la mente es opaca, no es transparente, y que, para entrar en el mundo interno del niño o niña pequeña, lo que yo tengo que hacer es tener una empatía gigante, abrirme, hacer preguntas y no creer que ya tengo las respuestas. Es una actitud muy difícil, porque uno está acostumbrado a lo contrario”.

Las investigaciones, sin embargo, han demostrado que esa capacidad mentalizante puede cultivarse. En los talleres y otro tipo de intervenciones que se hacen con los adultos que tienen esa carencia por traumas de infancia, se enseña a interpretar, a acercarse a los niños de otra manera y a relacionarse desde las emociones.

“El actuar que tenga la persona hacia un niño que está llorando va a depender de su observación y de su interpretación, porque si parte de una creencia, por ejemplo ‘¡aah, está mañoso otra vez!’, no va a ir a consolarlo, y al revés, hasta va a retarlo: ‘¡yaaa, córtala, no sigas llorando!’. Pero si la mamá parte de la base que si el niño está llorando es porque está expresando algún desagrado, va a hacer una hipótesis: ‘¿será que le duele la guatita? ¿tendrá sed? ¿tendrá sueño?’ Hasta aquí es un adulto sensible, pero para que además sea un adulto mentalizante tiene que hablar, tiene que verbalizar. Si no, no está completa la conducta”, explicó la psicóloga. “Entonces, podría decirle al niño: ‘mi bebé hermoso ¿estás llorando porque tienes susto?’, y darle así un contenido, que podría ser o no la hipótesis correcta. Y luego, darle sentido a la experiencia: ‘seguramente no te gusta estar solito en tu cuna por mucho tiempo’. Entonces uno le dice verbalmente al niño, aunque sea muy chiquitito, y así los va mentalizando. Y el niño completa internamente lo que le sucede y así se le va generando seguridad”.

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De hecho, el estudio Fondecyt que María Pía Santelices condujo junto con otros profesionales del Programa Primera Infancia UC, mostró que, si bien en las 81 mamás de Santiago que estudiaron había una relación entre el trauma de infancia que habían vivido y el apego inseguro que mostraban hacia sus hijos, en aquellas con mayor capacidad mentalizante el impacto sobre sus niños era menor.

“Aquí viene el gran desafío, porque los traumas en la infancia no vamos a poder cambiarlos, pero sí podemos influir en la sintomatología depresiva y también en la capacidad reflexiva parental”, planteó la subdirectora de MIDAP.

“Algo que sería como un sueño para nosotros es que cada vez que un adulto vaya a consultar por depresión, se le pregunte si tiene hijos o no y que se incorpore la variable de parentalidad dentro de la terapia, lo cual no es lo más frecuente. Lo habitual es que un adulto vaya a psicoterapia y muchas veces se toca muy tangencialmente la parentalidad. Con todos estos estudios nosotros tratamos de demostrar que, si tenemos un adulto en etapa de crianza de niños pequeños, sabemos que esto está afectando a los niños. Por lo tanto, tenemos que hacer algo para que no les afecte. Entonces la variable función reflexiva debería estar en los tratamientos de adultos que están criando niños pequeños. Esa es una conclusión que podemos sacar de este estudio”.

Segundo Café Científico de MIDAP

2018-07-08T23:23:27+00:00